Tiempo Ordinario
Viernes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario
Viernes, 6 de noviembre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
Flp 3, 17 – 4, 1San Pablo exhorta a los filipenses a imitar su ejemplo y no dejarse llevar por los afanes terrenales como hacen los enemigos de la cruz. Recuerda que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo, desde donde aguardamos a Cristo que glorificará nuestros cuerpos.
Salmo responsorial
Sal 121, 1-5Con la antífona «¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!», este salmo expresa el gozo de peregrinar hacia la ciudad santa de Jerusalén para alabar a Dios.
Evangelio
Lc 16, 1-8Jesús presenta la parábola del administrador que, al ser despedido por malgastar los bienes de su amo, actúa con prontitud para asegurarse amigos rebajando las deudas de los acreedores. El señor elogia su astucia práctica frente a la crisis. Cristo concluye señalando que los hijos de este mundo suelen ser más sagaces en sus asuntos temporales que los hijos de la luz en la búsqueda del Reino.
Palabra del Día
Viernes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario
Viernes, 6 de noviembre de 2026
Evangelio: Lc 16, 1-8
“La liturgia de hoy nos confronta con la lucidez y el empeño que dedicamos a las cosas del espíritu en comparac…”
Para llevar en el día
La liturgia de hoy nos confronta con la lucidez y el empeño que dedicamos a las cosas del espíritu en comparación con las terrenales. San Pablo nos recuerda que nuestra patria definitiva está en el cielo, mientras que el Evangelio nos llama a poner todo nuestro ingenio al servicio del bien y del Reino eterno. Que esta meditación nos anime a profundizar en los textos sagrados y a renovar nuestra fidelidad en el seguimiento del Señor.
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Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
Flp 3, 17 – 4, 1Hermanos:
Sigan mi ejemplo y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado.
Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio. Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.
Salmo responsorial
Sal 121, 1-5R. ¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor»! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén.
R.
Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor.
R.
Según es norma en Israel, para celebrar el Nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David.
R.
Evangelio
Lc 16, 1-8Jesús decía a sus discípulos:
Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.
Lo llamó y le dijo: «¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto».
El administrador pensó entonces: «¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!».
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?». «Veinte barriles de aceite», le respondió. El administrador le dijo: «Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez».
Después preguntó a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?». «Cuatrocientos quintales de trigo», le respondió. El administrador le dijo: «Toma tu recibo y anota trescientos».
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.