Tiempo Ordinario
Todos los Santos, Solemnidad
Domingo, 1 de noviembre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
Ap 7, 2-4. 9-14El apóstol Juan contempla la multitud innumerable de los redimidos de toda nación y pueblo reunidos ante el trono de Dios y del Cordero. Vestidos con túnicas blancas y palmas en las manos, alaban al Señor tras haber superado la gran tribulación gracias a la sangre redentora de Cristo.
Salmo responsorial
Sal 23, 1-6El salmo canta la soberanía de Dios sobre la creación y proclama que sólo quienes tienen manos limpias y corazón puro podrán contemplar el rostro del Señor, respondiendo: «¡Benditos los que buscan al Señor!».
Segunda lectura
1Jn 3, 1-3San Juan nos recuerda el inmenso amor del Padre, que nos ha constituido verdaderamente como sus hijos. Alentados por esta esperanza, estamos llamados a purificarnos para llegar a contemplar a Dios tal cual es.
Evangelio
Mt 4, 25 – 5, 12Jesús sube a la montaña y proclama el programa del Reino a través de las bienaventuranzas. En ellas llama dichosos a los pobres de espíritu, a los que sufren, a los humildes, a los misericordiosos, a los limpios de corazón y a los que trabajan por la paz y la justicia. Concluye invitando a sus discípulos a alegrarse y regocijarse, pues les aguarda una gran recompensa en el cielo.
Palabra del Día
Todos los Santos, Solemnidad
Domingo, 1 de noviembre de 2026
Evangelio: Mt 4, 25 – 5, 12
“La solemnidad de Todos los Santos nos invita a levantar la mirada hacia la patria celestial y contemplar la gl…”
Para llevar en el día
La solemnidad de Todos los Santos nos invita a levantar la mirada hacia la patria celestial y contemplar la gloria de aquellos que nos han precedido. En las Bienaventuranzas, Jesús nos ofrece el camino cotidiano para alcanzar esa misma plenitud de vida y santidad. Te invitamos a leer y orar con estos textos litúrgicos para renovar la esperanza de ser transformados a imagen de Dios.
Leer los textos completosLectura completa
Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
Ap 7, 2-4. 9-14Yo, Juan, vi a un Ángel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar: «No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios».
Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144.000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.
Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén! Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!»
Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?» Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor». Y él me dijo: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero».
Salmo responsorial
Sal 23, 1-6R. ¡Benditos los que buscan al Señor!
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque Él la fundó sobre los mares, Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.
Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.
Segunda lectura
1Jn 3, 1-3Queridos hermanos:
¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a Él. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en Él, se purifica, así como Él es puro.
Evangelio
Mt 4, 25 – 5, 12Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».