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Tiempo Ordinario

Jueves de la XXX semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 29 de octubre de 2026

3 min de lectura

Lectura rápida

Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.

Primera lectura

Ef 6, 10-20

San Pablo exhorta a los creyentes a revestirse con la armadura de Dios para mantenerse firmes ante las asechanzas del mal. Detalla armas espirituales como la verdad, la justicia, la fe y la Palabra de Dios. Finalmente, pide oraciones constantes para proclamar con valentía el misterio del Evangelio.

Salmo responsorial

Sal 143, 1-2. 9-10ab

El salmista bendice al Señor como su roca, protector y libertador en medio del combate, aclamando con la antífona: «¡Bendito sea el Señor, mi Roca!».

Evangelio

Lc 13, 31-35

Ante la advertencia de los fariseos sobre las amenazas de Herodes, Jesús manifiesta con firmeza su decisión de continuar su misión de sanar y liberar. Declara que debe proseguir su camino hacia Jerusalén, lugar donde culmina el destino profético. Con profundo dolor, lamenta la cerrazón de la ciudad que rechaza el cuidado amoroso de Dios.

Palabra del Día

Jueves de la XXX semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 29 de octubre de 2026

Evangelio: Lc 13, 31-35

“La liturgia de hoy nos invita a confiar plenamente en el poder de Dios frente a las adversidades de la vida co…”

lecturadiaria.online

Para llevar en el día

La liturgia de hoy nos invita a confiar plenamente en el poder de Dios frente a las adversidades de la vida cotidiana. San Pablo nos recuerda la importancia de permanecer vigilantes en la fe y la oración, mientras que Jesús nos da testimonio de fidelidad inquebrantable a su misión salvífica. Se sugiere leer los textos completos para acoger con fruto la fuerza y la ternura de la Palabra divina.

Leer los textos completos

Lectura completa

Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.

Primera lectura

Ef 6, 10-20

Hermanos:

Fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.

Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo!

Salmo responsorial

Sal 143, 1-2. 9-10ab

R. ¡Bendito sea el Señor, mi Roca!

Bendito sea el Señor, mi Roca, el que adiestra mis brazos para el combate y mis manos para la lucha. R.

Él es mi bienhechor y mi fortaleza, mi baluarte y mi libertador; Él es el escudo con que me resguardo, y el que somete los pueblos a mis pies. R.

Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas, porque Tú das la victoria a los reyes y libras a David, tu servidor. R.

Evangelio

Lc 13, 31-35

Se acercaron algunos fariseos que le dijeron a Jesús: «Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte».

Él les respondió: «Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado. Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.

¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste! Por eso, a ustedes la casa les quedará desierta. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor!»

Textos tomados de la liturgia diaria publicada por Eucaristía Diaria , del Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago. Los resúmenes y la reflexión son un complemento y no sustituyen a la celebración ni a la fuente oficial.

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