Tamaño del texto
A+

Tiempo Ordinario

Sábado de la XXIX semana del Tiempo Ordinario o Santa María en Sábado

Sábado, 24 de octubre de 2026

3 min de lecturaSanta María en Sábado (o san Antonio María Claret)

Lectura rápida

Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.

Primera lectura

Ef 4, 7-16

San Pablo explica que Cristo distribuyó diversos dones y ministerios para la edificación de la Iglesia. Esta variedad de carismas conduce a la madurez espiritual y a la unidad armónica del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo.

Salmo responsorial

Sal 121, 1-5

El salmista expresa su profunda alegría al encaminarse hacia la Casa del Señor en la ciudad santa de Jerusalén. Aclamamos: «¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!».

Evangelio

Lc 13, 1-9

Jesús advierte a sus oyentes sobre la urgente necesidad de convertirse y no juzgar las desgracias ajenas como castigos divinos. A través de la parábola de la higuera estéril, revela la infinita paciencia y misericordia de Dios, quien concede una nueva oportunidad para dar fruto. Sin embargo, recuerda que la respuesta del hombre no puede postergarse indefinidamente.

Palabra del Día

Sábado de la XXIX semana del Tiempo Ordinario o Santa María en Sábado

Sábado, 24 de octubre de 2026

Evangelio: Lc 13, 1-9

“La liturgia de hoy nos llama a la edificación mutua en el amor y a una sincera conversión del corazón. La paci…”

lecturadiaria.online

Para llevar en el día

La liturgia de hoy nos llama a la edificación mutua en el amor y a una sincera conversión del corazón. La paciencia del Señor con la higuera nos anima a aprovechar el tiempo de gracia que se nos concede para dar frutos verdaderos de fe y unidad. Te invitamos a leer detenidamente estos textos bíblicos y dejar que la Palabra transforme tu vida cotidiana.

Leer los textos completos

Lectura completa

Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.

Primera lectura

Ef 4, 7-16

Hermanos:

Cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido.

Por eso dice la Escritura:

«Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres».

Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra. El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo.

Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.

Así dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error. Por el contrario, viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente, unidos a Cristo. Él es la Cabeza, y de él, todo el Cuerpo recibe unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a la acción armoniosa de todos los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor.

Salmo responsorial

Sal 121, 1-5

R. ¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!

¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor»! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. R.

Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor. R.

Según es norma en Israel para celebrar el Nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. R.

Evangelio

Lc 13, 1-9

En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él respondió:

«¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera».

Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Entonces córtala, ¿para qué malgastar la tierra?".

Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».

Textos tomados de la liturgia diaria publicada por Eucaristía Diaria , del Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago. Los resúmenes y la reflexión son un complemento y no sustituyen a la celebración ni a la fuente oficial.

Ver lecturas anteriores