Tiempo Ordinario
Memoria de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia
Jueves, 15 de octubre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
Ef 1, 1-10San Pablo proclama la bendición de Dios Padre, quien nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos e irreprochables. Por su gracia y por la sangre de Jesús alcanzamos la redención, llamados a integrar la plenitud de los tiempos bajo una sola Cabeza.
Salmo responsorial
Sal 97, 1-6El salmista invita a toda la creación a celebrar con música y júbilo la victoria, justicia y fidelidad manifestadas por el Señor: «¡El Señor manifestó su victoria!».
Evangelio
Lc 11, 47-54Jesús denuncia la incoherencia de quienes erigen sepulcros a los profetas pero comparten la misma cerrazón de sus antepasados. Les advierte sobre la responsabilidad histórica ante la sangre de los justos y reprende a los doctores de la Ley por bloquear el acceso a la sabiduría divina. Ante sus palabras, los escribas y fariseos comienzan a acosarlo para tenderle trampas.
Palabra del Día
Memoria de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia
Jueves, 15 de octubre de 2026
Evangelio: Lc 11, 47-54
“La Palabra de Dios nos recuerda la grandeza de nuestra vocación cristiana, fundamentada en la gracia y el amor…”
Para llevar en el día
La Palabra de Dios nos recuerda la grandeza de nuestra vocación cristiana, fundamentada en la gracia y el amor eterno del Padre en Cristo. Frente a la tentación de una religiosidad meramente exterior o que obstaculiza la verdad, la memoria de santa Teresa de Jesús nos anima a buscar una fe viva y una profunda comunión con el Señor. Acércate a meditar estos textos para renovar tu camino de santidad y oración.
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Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
Ef 1, 1-10Pablo, Apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, saluda a los santos que creen en Cristo Jesús. Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.
Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.
Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo una sola Cabeza, que es Cristo.
Salmo responsorial
Sal 97, 1-6R. ¡El Señor manifestó su victoria!
Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.
El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.
Canten al Señor con el arpa al son de instrumentos musicales; con clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor, que es Rey. R.
Evangelio
Lc 11, 47-54Jesús dijo a los fariseos y a los doctores de la Ley: «¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.
Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos. Así se pedirá cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.
¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden».
Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.