Tiempo Ordinario
Miércoles de la XXVI semana del Tiempo Ordinario, Memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia
Miércoles, 30 de septiembre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
Job 9, 1-12. 14-16Job proclama con asombro la grandeza, sabiduría y soberanía indiscutible del Creador. Ante el inmenso poder de Dios, el ser humano reconoce su pequeñez y la imposibilidad de justificar sus propios argumentos frente a Él.
Salmo responsorial
Sal 87, 10b-15El salmista implora la presencia y la gracia divina desde el sufrimiento: «¡Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor!».
Evangelio
Lc 9, 57-62Jesús explica las exigencias y la radicalidad que implica ser su discípulo. El seguimiento del Maestro requiere disponibilidad total, desprendimiento de comodidades y desapego de cualquier dilación que impida anunciar el Reino. Quien asume el compromiso del Evangelio no debe mirar hacia atrás.
Palabra del Día
Miércoles de la XXVI semana del Tiempo Ordinario, Memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia
Miércoles, 30 de septiembre de 2026
Evangelio: Lc 9, 57-62
“En la memoria de san Jerónimo, apasionado testigo y estudioso de la Sagrada Escritura, la liturgia nos invita…”
Para llevar en el día
En la memoria de san Jerónimo, apasionado testigo y estudioso de la Sagrada Escritura, la liturgia nos invita a descubrir la soberanía infinita de Dios y a renovar con generosidad nuestra respuesta a Jesús. Seguir a Cristo demanda un corazón indiviso, libre de excusas y apegos que frenen el anuncio del Evangelio. Que la lectura pausada y devota de estos textos ilumine tu camino diario y fortalezca tu vocación de discípulo.
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Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
Job 9, 1-12. 14-16Job respondió a sus amigos, diciendo: ¿Cómo un mortal podría tener razón contra Dios? Si alguien quisiera disputar con Él, no podría responderle ni una vez entre mil. Su corazón es sabio, su fuerza invencible: ¿quién le hizo frente y se puso a salvo? Él arranca las montañas sin que ellas lo sepan y las da vuelta con su furor. Él remueve la tierra de su sitio y se estremecen sus columnas. Él manda al sol que deje de brillar y pone un sello sobre las estrellas. Él solo extiende los cielos y camina sobre las crestas del mar. Él crea la Osa Mayor y el Orión, las Pléyades y las Constelaciones del sur. Él hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar. Él pasa junto a mí, y yo no lo veo; sigue de largo, y no lo percibo. Si arrebata una presa, ¿quién se lo impedirá o quién le preguntará qué es lo que hace? ¡Cuánto menos podría replicarle yo y aducir mis argumentos frente a Él! Aún teniendo razón, no podría responder y debería implorar al que me acusa. Aunque lo llamara y Él me respondiera, no creo que llegue a escucharme.
Salmo responsorial
Sal 87, 10b-15R. ¡Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor!
Yo te invoco, Señor, todo el día, con las manos tendidas hacia ti. ¿Acaso haces prodigios por los muertos, o se alzan los difuntos para darte gracias?
R. ¡Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor!
¿Se proclama tu amor en el sepulcro, o tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas, o tu justicia en la tierra del olvido?
R. ¡Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor!
Yo invoco tu ayuda, Señor, desde temprano te llega mi plegaria: ¿Por qué me rechazas, Señor? ¿Por qué me ocultas tu rostro?
R. ¡Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor!
Evangelio
Lc 9, 57-62Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!». Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». Él respondió: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios».