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Tiempo Ordinario

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 27 de septiembre de 2026

4 min de lectura

Lectura rápida

Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.

Primera lectura

Ez 18, 24-28

El profeta Ezequiel expone la justicia y misericordia divinas frente a las decisiones humanas. Si el justo cae en el pecado y no se arrepiente, morirá; pero si el malvado abandona sus malas obras y practica la justicia, ciertamente salvará su vida.

Salmo responsorial

Salmo 24, 4-9

Súplica confiada para que el Señor muestre sus caminos y recuerde siempre su eterna compasión y misericordia. R. Acuérdate, Señor, de tu compasión.

Segunda lectura

Flp 2, 1-11

San Pablo exhorta a la comunidad a vivir en unidad, humildad y caridad fraterna, buscando el bien del prójimo. Presenta a Cristo como el modelo supremo de abnegación y obediencia hasta la cruz, a quien Dios exaltó sobre todo.

Evangelio

Mt 21, 28-32

Jesús propone la parábola de los dos hijos enviados a trabajar a la viña: el primero dice que no pero luego va arrepentido, mientras que el segundo promete ir y no cumple. El Señor aclara que cumple la voluntad del Padre quien actúa con sincera conversión y no quien se queda en meras palabras. Por ello, los pecadores que creyeron y cambiaron de vida preceden en el Reino a quienes rechazaron la llamada.

Palabra del Día

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 27 de septiembre de 2026

Evangelio: Mt 21, 28-32

“La liturgia de este domingo nos invita a examinar la autenticidad de nuestra fe más allá de las apariencias o…”

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Para llevar en el día

La liturgia de este domingo nos invita a examinar la autenticidad de nuestra fe más allá de las apariencias o las buenas intenciones. Dios valora la conversión humilde del corazón y la obediencia que se traduce en obras concretas de amor y justicia. Meditar estos textos en su totalidad nos anima a renovar diariamente nuestro compromiso con el Reino.

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Lectura completa

Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.

Primera lectura

Ez 18, 24-28

Esto dice el Señor:

Si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.

Ustedes dirán: «El proceder del Señor no es correcto». Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. Él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

Salmo responsorial

Salmo 24, 4-9

R. Acuérdate, Señor, de tu compasión.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque Tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día.

R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.

R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; Él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.

R.

Segunda lectura

Flp 2, 1-11

Hermanos:

Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos.

Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por interés ni por vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.

Vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús.

Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.

Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor».

Evangelio

Mt 21, 28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña". Él respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: "Voy, Señor", pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?». «El primero», le respondieron. Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él».

Textos tomados de la liturgia diaria publicada por Eucaristía Diaria , del Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago. Los resúmenes y la reflexión son un complemento y no sustituyen a la celebración ni a la fuente oficial.

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