Tiempo Ordinario

Jueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 17 de septiembre de 2026

4 min de lecturaSan Roberto Belarmino

Lectura rápida

Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.

Primera lectura

1 Co 15, 1-11

San Pablo recuerda a los corintios el núcleo del Evangelio: la muerte y resurrección de Cristo según las Escrituras y sus apariciones a los apóstoles. Reconoce con humildad su indignidad por haber perseguido a la Iglesia, atribuyendo todo su ministerio a la gracia de Dios.

Salmo responsorial

Salmo 117, 1-2. 16-17. 28

El salmista invita a alabar la bondad y el amor eterno de Dios, proclamando con gratitud sus maravillas y la vida que concede.

Evangelio

Lc 7, 36-50

En casa de un fariseo, una mujer pecadora unge con perfume y lágrimas los pies de Jesús. Ante las dudas del anfitrión, el Señor explica mediante una parábola que a quien mucho se le perdona, mucho ama. Finalmente, Jesús perdona los pecados de la mujer y destaca que su fe la ha salvado.

Palabra del Día

Jueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 17 de septiembre de 2026

Evangelio: Lc 7, 36-50

La liturgia de hoy nos confronta con la grandeza del perdón divino y la respuesta del corazón agradecido. Tant…

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Para llevar en el día

La liturgia de hoy nos confronta con la grandeza del perdón divino y la respuesta del corazón agradecido. Tanto san Pablo como la mujer del Evangelio experimentan cómo la gracia sobreabunda sobre el propio pecado y transforma la vida en entrega y amor. Acercarse a la lectura completa de estos textos permite contemplar la misericordia de Cristo, que acoge y renueva a quien confía plenamente en Él.

Leer los textos completos

Lectura completa

Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.

Primera lectura

1 Co 15, 1-11

Hermanos:

Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que Yo mismo recibí: Cristo murió, por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos, hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto.

Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.

Salmo responsorial

Salmo 117, 1-2. 16-17. 28

R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!

R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor.

R.

Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias; Dios mío, yo te glorifico.

R.

Evangelio

Lc 7, 36-50

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «¡Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: una pecadora!». Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro», respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?». Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien».

Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco demuestra poco amor».

Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?». Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Textos tomados de la liturgia diaria publicada por Eucaristía Diaria , del Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago. Los resúmenes y la reflexión son un complemento y no sustituyen a la celebración ni a la fuente oficial.

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