Tiempo Ordinario
Martes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario, Memoria de Nuestra Señora de los Dolores
Martes, 15 de septiembre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
Hb 5, 7-9La carta a los Hebreos muestra cómo Cristo aprendió la obediencia a través del sufrimiento terrenal. Con su sumisión y entrega, alcanzó la perfección salvadora para todos los creyentes.
Salmo responsorial
Sal 30, 2-6. 15-16. 20El salmista acude confiado a Dios pidiendo auxilio y proclamándolo como su roca y fortaleza.
Evangelio
Jn 19, 25-27Al pie de la cruz, María acompaña fielmente la entrega redentora de su Hijo. Jesús confía a su Madre al cuidado del discípulo amado, entregándola como madre de toda la Iglesia.
Palabra del Día
Martes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario, Memoria de Nuestra Señora de los Dolores
Martes, 15 de septiembre de 2026
Evangelio: Jn 19, 25-27
“En la memoria de Nuestra Señora de los Dolores contemplamos el misterio de la compasión y la fidelidad junto a…”
Para llevar en el día
En la memoria de Nuestra Señora de los Dolores contemplamos el misterio de la compasión y la fidelidad junto a la cruz. María nos enseña a permanecer firmes en los momentos de prueba, confiando plenamente en el designio salvífico de Dios. Acudamos a los textos bíblicos para profundizar en este testimonio de amor y entrega silenciosa.
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Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
Hb 5, 7-9Hermanos:
Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, Él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
Salmo responsorial
Sal 30, 2-6. 15-16. 20R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Líbrame, por tu justicia; inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme.
R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, porque Tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme.
R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
Sácame de la red que me han tendido, porque Tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: «Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos»: Líbrame del poder de mis enemigos y de aquéllos que me persiguen.
R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles; y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos.
R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
Evangelio
Jn 19, 25-27Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como suya.