Tiempo Ordinario

Lunes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 14 de septiembre de 2026

3 min de lectura

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Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.

Primera lectura

1 Cor 11, 17-26. 33

San Pablo reprende a los corintios por las divisiones y abusos en sus asambleas comunitarias. Para devolverles el verdadero sentido, les recuerda la institución de la Eucaristía recibida del Señor e insiste en la caridad fraterna.

Salmo responsorial

Sal 39, 7-10. 17

El salmista declara su deseo de obedecer la voluntad divina y proclamar su fidelidad en la asamblea, aclamando: «¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!».

Evangelio

Lc 7, 1-10

En Cafarnaúm, un centurión pide ayuda a Jesús para curar a su sirviente agonizante, pero envía a decir que no se considera digno de que entre en su casa, confiando plenamente en la autoridad de su palabra. Jesús alaba con admiración una fe tan grande, jamás hallada en Israel, y el sirviente queda sano.

Palabra del Día

Lunes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 14 de septiembre de 2026

Evangelio: Lc 7, 1-10

La liturgia de hoy nos confronta con la sinceridad de nuestro culto y la pureza de nuestra confianza en Dios.…

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Para llevar en el día

La liturgia de hoy nos confronta con la sinceridad de nuestro culto y la pureza de nuestra confianza en Dios. Frente al reproche de Pablo por la falta de unidad en la Eucaristía, el centurión nos muestra la actitud del corazón humilde que confía plenamente en el poder de la Palabra del Señor. Te invitamos a meditar pausadamente estos textos para renovar tu fe.

Leer los textos completos

Lectura completa

Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.

Primera lectura

1 Cor 11, 17-26. 33

Hermanos:

No puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de beneficiarlos, los perjudican. Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Sin embargo, es preciso que se formen partidos entre ustedes, para que se pongan de manifiesto los que tienen verdadera virtud.

Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor, porque apenas se sientan a la mesa, cada uno se apresura a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga. Acaso no tienen sus casas para comer y beber? O tan poco aprecio tienen a la Iglesia de Dios, que quieren hacer pasar verg enza a los que no tienen nada? Qué les diré? Los voy a alabar? En esto, no puedo alabarlos.

Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía . De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía . Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que l vuelva.Así, hermanos, cuando se reúnan para participar de la Cena, espérense unos a otros.

Salmo responsorial

Sal 39, 7-10. 17

R. ¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: Aquí estoy .

R. ¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!

En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón .

R. ¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, Tú lo sabes, Señor.

R. ¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!

Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que desean tu victoria: Qué grande es el Señor!

R. ¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!

Evangelio

Lc 7, 1-10

Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor.

Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: l merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga . Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa; el centurión le mandó decir por unos amigos: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: Ve , él va; y a otro: Ven , él viene; y cuando digo a mi sirviente: Tienes que hacer esto! , él lo hace .

Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe . Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Textos tomados de la liturgia diaria publicada por Eucaristía Diaria , del Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago. Los resúmenes y la reflexión son un complemento y no sustituyen a la celebración ni a la fuente oficial.

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