Tiempo Ordinario
Jueves de la XXIII semana del Tiempo Ordinario
Jueves, 10 de septiembre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
1Co 8, 1. 4b-13San Pablo enseña que el conocimiento sin amor conduce al orgullo, mientras que la caridad edifica la comunidad. Aunque los ídolos nada son, el creyente debe cuidar que su libertad no sea motivo de tropiezo o caída para los hermanos de conciencia débil.
Salmo responsorial
Sal 138, 1-3. 13-14b. 23-24El salmista reconoce que Dios conoce hasta lo más profundo de su ser y le suplica que lo libre de caminos falsos. La antífona suplica: «¡Llévame por el camino eterno, Señor!».
Evangelio
Lc 6, 27-36Jesús exhorta a sus discípulos a un amor radical que incluye a los enemigos y a quienes les hacen daño. Pide hacer el bien y prestar sin aguardar recompensa terrena, superando la conducta habitual del mundo. El modelo y la meta de la vida cristiana es reflejar la misericordia incondicional del Padre del cielo.
Palabra del Día
Jueves de la XXIII semana del Tiempo Ordinario
Jueves, 10 de septiembre de 2026
Evangelio: Lc 6, 27-36
“La liturgia de este día nos invita a revisar la autenticidad de nuestra caridad cotidiana, subordinando nuestr…”
Para llevar en el día
La liturgia de este día nos invita a revisar la autenticidad de nuestra caridad cotidiana, subordinando nuestras libertades y preferencias al bien del hermano. Asimismo, el Evangelio nos sitúa frente a la cumbre de la perfección cristiana: amar con la misma generosidad y misericordia con que Dios nos ama. Meditar con detenimiento estas lecturas nos ofrece una guía certera para transformar nuestras relaciones desde el perdón y la delicadeza fraterna.
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Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
1Co 8, 1. 4b-13Hermanos:
Con respecto a la carne sacrificada a los ídolos, todos tenemos el conocimiento debido, ya lo sabemos, pero el conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica.
Sabemos bien que los ídolos no son nada en el mundo y que no hay más que un solo Dios. Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores. Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos. Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada. Ciertamente, no es un alimento lo que nos acerca a Dios: ni por dejar de comer somos menos, ni por comer somos más. Pero tengan cuidado que el uso de esta libertad no sea ocasión de caída para el débil.
Si alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, no se sentirá autorizado, a causa de la debilidad de su conciencia, a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos? Y así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ese hermano por el que murió Cristo!
Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo. Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.
Salmo responsorial
Sal 138, 1-3. 13-14b. 23-24R. ¡Llévame por el camino eterno, Señor!
Señor, Tú me sondeas y me conoces, Tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso, te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares. R.
Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable. Qué maravillosas son tus obras! R.
Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior; examíname y conoce lo que pienso; observa si estoy en un camino falso y llévame por el camino eterno. R.
Evangelio
Lc 6, 27-36Jesús dijo a sus discípulos:
Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.