Tiempo Ordinario
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
Domingo, 6 de septiembre de 2026
Lectura rápida
Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.
Primera lectura
Is 35, 4-7aEl profeta Isaías alienta a los desanimados con la promesa de la salvación de Dios. Su venida restaurará la salud de los enfermos y transformará el desierto en manantiales fecundos de vida.
Salmo responsorial
Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10El salmo proclama la alabanza a Dios por su justicia y fidelidad eterna hacia los oprimidos, necesitados y afligidos. Antífona: «Alaba, alma mía, al Señor».
Segunda lectura
Sant 2, 1-5Santiago exhorta a la comunidad cristiana a no hacer acepción de personas ni discriminar a los humildes. Recuerda que Dios ha elegido a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos de su Reino.
Evangelio
Mc 7, 31-37Jesús llega a la región de la Decápolis y sana a un hombre sordo y mudo mediante el gesto y la palabra «Effetá», que significa «Ábrete». La multitud queda profundamente asombrada ante el milagro y reconoce que Jesús todo lo hace bien.
Para llevar en el día
La Palabra de este domingo nos revela a un Dios cercano que viene a abrir nuestros sentidos espirituales y a sanar nuestras cerrazones. Al contemplar a Cristo pronunciar «Effetá», somos invitados a vencer la indiferencia y a abrirnos al amor y al prójimo. Te invitamos a meditar profundamente estos textos para experimentar en tu vida la salvación y la gracia que el Señor nos ofrece.
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Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.
Primera lectura
Is 35, 4-7aDigan a los cobardes de corazón: «¡Sean fuertes, no teman! Miren a su Dios, que viene a hacer justicia y a dar la retribución; viene él mismo a salvarlos».
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el cojo saltará como un ciervo y la lengua del mudo cantará con júbilo.
Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; la tierra reseca se convertirá en un estanque y el suelo sediento en manantiales de agua.
Salmo responsorial
Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10Antífona: Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos.
El Señor abre los ojos a los ciegos,
el Señor endereza a los que se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, oh Sion, por todas las generaciones.
Segunda lectura
Sant 2, 1-5Hermanos míos, no mezclen la fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con la acepción de personas.
Supongan que entra en su asamblea un hombre con un anillo de oro y vestido con ropa espléndida, y entra también un pobre con ropa sucia. Si se fijan en el que lleva la ropa brillante y le dicen: «Tú siéntate aquí, en un lugar de honor», y al pobre le dicen: «Tú quédate allí de pie, o siéntate aquí a mis pies», ¿no están haciendo discriminaciones entre ustedes y convirtiéndose en jueces con malos pensamientos?
Escuchen, mis queridos hermanos: ¿Acaso no eligió Dios a los pobres según este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a quienes lo aman?
Evangelio
Mc 7, 31-37En aquel tiempo, Jesús salió de la región de Tiro y, pasando por Sidón, llegó al mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Le presentaron entonces a un sordo que apenas podía hablar y le rogaban que le impusiera las manos. Jesús lo apartó de la multitud, le metió los dedos en los oídos y, con saliva, le tocó la lengua. Luego, levantando los ojos al cielo, lanzó un suspiro y le dijo: «¡Effetá!» (que significa: «¡Ábrete!»).
Al instante se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar con claridad. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, más lo proclamaban ellos. Llenos de asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».